Internacional

Bombas de racimo de Estados Unidos a Ucrania: qué son y qué conexión tienen con Chile

La decisión de la Casa Blanca trajo a la memoria la controversia internacional que enfrentó el empresario Carlos Cardoen.

La distancia entre los gobiernos de Estados Unidos y Rusia se ha extendido luego de la decisión de Joe Biden de enviar bombas de racimo o de fragmentación a Ucrania para que la milicia de este país pueda defenderse ante los ataques ordenados por Vladimir Putin durante la guerra.

Las bombas de racimo están prohibidas en 123 países después del acuerdo que se llegó en la convención de 2008 impulsada por Noruega. Si bien es alto el número de naciones que rechaza esta modalidad de ataque, Estados Unidos, Rusia ni Ucrania participaron de este pacto, por lo que la última ofensiva de la Casa Blanca no se impone a ningún tratado.


Se trata de un intento cínico y desesperado de prolongar la agonía de las actuales autoridades ucranianas, independientemente de las bajas civiles. Es una prueba de impotencia ante el fracaso de la tan publicitada contraofensiva ucraniana”, dijo la portavoz de Relaciones Exteriores rusa, María Zajarova.

Estos proyectiles transportan en su interior decenas o cientos de explosivos más pequeños que son conocidos también como submuniciones. Se lanzan desde aviones, pero también se pueden usar a través de cañones o lanzacohetes. Las bombas se abren y las bolas se esparcen en un área determinada dependiendo del objetivo como soldados o vehículos. De acuerdo al ejército norteamericano, los misiles que enviarán a territorio ucraniano contienen cerca de 90 mini bombas que cada una alcanza los 10 metros cuadrados.

Son controvertidas y reprobadas en más de un centenar de países porque se comprobó que en ocasiones tienen una probabilidad de fallo del 40%, situación que las hace peligrosas para los civiles que nada tienen que ver en los conflictos bélicos. “Las municiones de racimo siguen siendo una de las armas más traicioneras del mundo. Matan y mutilan indiscriminadamente y causan sufrimiento humano generalizado”, dijo Gilles Carbonnier, vicepresidente del Comité Internacional de la Cruz Roja.

Conexión con Chile

Esta decisión de Joe Biden trajo a la memoria la condena que sufrió el chileno Carlos Cardoen en este mismo país norteamericano por comercializar bombas de racimo. En 1993, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos acusó al empresario de vender estos proyectiles por 150 millones de dólares al régimen de Saddam Hussein en el conflicto con Irán.

De acuerdo al tribunal estadounidense, Cardoen fabricó bombas de racimo con cincornio que consiguió de forma ilegal en este país. En 2019, Estados Unidos pidió la extradición del empresario, sin embargo, fue denegada por la Corte Suprema un año después.

“El Tratado suscrito entre Chile y Estados Unidos establece que la extradición no será procedente cuando la prescripción haya operado con arreglo a la legislación del país requerido”, explicó el máximo tribunal del país.



Esta publicación aparece primero en ElDinamo

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